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nydus/Mrs. DallowayPublic
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La señora Dalloway

incluso, recordado tal vez (pues él le vio en la mirada que así era) algo que él había dicho⁠—cómo cambiarían el mundo si ella se casaba con él tal vez; en cambio, era esto; era la mediana edad; era la mediocridad⁠—; luego se obligó con su indomable vitalidad a apartar todo aquello, habiendo en ella un hilo de vida cuya dureza, resistencia, capacidad para vencer obstáculos y llevarla triunfante a través de todo, él no había conocido igual. Sí; pero habría una reacción en cuanto él saliera de la habitación. Sentiría una profunda lástima por él; pensaría qué diablos podía hacer para complacerlo (desdeñando siempre la única cosa), y él podía verla con las lágrimas rodándole por las mejillas ir a su mesa camilla y escribir de un trazo aquella única línea que él encontraría esperándole.⁠ ⁠… > «¡Qué celestial verte!» Y lo decía en

Peter Walsh se había desatado ya los botines.

Pero no habría sido un éxito, su matrimonio. Lo otro, después de todo, se daba con tanta mayor naturalidad.

Era extraño; era verdad; mucha gente lo sentía. Peter Walsh, que había cumplido de manera meritoria, que ocupaba los puestos habituales con competencia, que era querido pero al que se consideraba un poco excéntrico, que se daba aires —era extraño que tuviera, sobre todo ahora que tenía el pelo gris, un aspecto satisfecho; un aspecto de tener reservas—. Era esto lo que lo hacía atractivo para las mujeres, a quienes gustaba la sensación de que no era del todo varonil. Había algo inusual en él, o algo detrás de él. Podía ser que fuera un hombre de letras —nunca venía a verte sin coger el libro de la mesa (ahora estaba leyendo, con los cordones de las botas arrastrando por el suelo)—; o que fuera un caballero, lo cual se manifestaba

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