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nydus/Mrs. DallowayPublic
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La señora Dalloway

que hablar. Ella estaba con ellos. Sin embargo, ahí estaba Richard Dalloway, que no estaba en el Gabinete. ¿No había tenido éxito, suponía Sally? Por su parte, ella casi nunca leía los periódicos. A veces veía su nombre mencionado. Pero entonces... bueno, ella llevaba una vida muy solitaria, en los páramos, como diría Clarissa, entre grandes mercaderes, grandes fabricantes, hombres que, al fin y al cabo, hacían cosas. ¡Ella también había hecho cosas!

“¡Tengo cinco hijos!”, le dijo él.

¡Señor, Señor, qué cambio se había operado en ella! La blandura de la maternidad; su egoísmo también. La última vez que se habían visto, recordaba Peter, había sido entre las coles a la luz de la luna, las hojas «como bronce áspero», había dicho ella, con su vena literaria; y ella había arrancado una rosa.

Lo había traído de aquí para allá toda esa noche espantosa, tras la escena junto a la fuente; él tenía que tomar el tren de la medianoche. ¡Cielos, había llorado!

Ese era su viejo truco, abrir una navaja, pensó Sally, siempre abriendo y cerrando una navaja cuando se ponía nervioso. Habían sido muy, muy íntimos, ella y Peter Walsh, cuando él estaba enamorado de Clarissa, y había tenido lugar aquella escena terrible y ridícula por causa de Richard Dalloway durante el almuerzo. Ella había llamado a Richard «Wickham». ¿Por qué no llamar a Richard «Wickham»? ¡Clarissa se había encorajinado! y la verdad es que no se habían vuelto a ver desde entonces, ella y Clarissa, ni media docena de veces tal vez en los últimos diez años. Y Peter Walsh se había marchado a la India, y le habían llegado noticias vagas de que se había casado infelizmente, y no sabía si tenía hijos, y no podía preguntárselo, porque él había cambiado. Tenía un aspecto bastante marchito, pero más

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