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nydus/Mrs. DallowayPublic
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La señora Dalloway

mandando algún recado a la cocina: «Dale recuerdos míos a la señora Walker», eso fue una noche. A la mañana siguiente repasaban los platos —la sopa, el salmón; el salmón, como bien sabía la señora Walker, como de costumbre poco hecho, pues ella siempre se ponía nerviosa con el pudin y se lo dejaba a Jenny; así pasaba, que el salmón siempre quedaba poco hecho. Pero alguna señora de pelo claro y adornos de plata había dicho, según Lucy, a propósito del plato principal, que si de verdad era casero; aunque lo que traía de cabeza a la señora Walker era el salmón, mientras hacía girar los platos una y otra vez, y abría y cerraba los tiros; y llegaba una carcajada del comedor; una voz que hablaba; luego otra carcajada: los señores divirtiéndose una vez que se habían marchado las señoras. El tokay, dijo Lucy entrando a toda prisa. El señor Dalloway había mandado a buscar el tokay, de las bodegas del Emperador, el Tokay Imperial.

Llegó flotando desde la cocina.

Por encima del hombro, Lucy contó lo preciosa que estaba la señorita Elizabeth; no podía apartar los ojos de ella; con su vestido rosa, y el collar que el señor Dalloway le había regalado.

Jenny tenía que acordarse del perro, el fox terrier de la señorita Elizabeth, el cual, como mordía, había tenido que ser encerrado y quizá, pensaba Elizabeth, necesitara algo. Jenny tenía pero que muy presente al perro.

Pero Jenny no iba a subir las escaleras con toda esa gente por allí. ¡Ya había un coche a la puerta! ¡Habían timbrado al timbre, y los caballeros seguían en el comedor, bebiendo tokay!

Allí, iban subiendo las escaleras; esa fue la primera en llegar, y ahora irían llegando cada vez más rápido, de modo que la señora Parkinson (contratada para

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