casarse así; «era una completa tonta», decía, pero, decía, «nos lo pasamos de maravilla», pero ¿cómo podía ser eso?, se preguntaba Sally; ¿qué quería decir?; y qué extraño era conocerle y sin embargo no saber ni una sola cosa de lo que le había pasado. ¿Y lo diría por orgullo? Es muy probable, pues al fin y al cabo debía de resultarle mortificante (aunque fuera un bicho raro, una especie duendecillo, para nada un hombre corriente), debía de ser solitario a su edad no tener hogar, ningún sitio adonde ir. Pero tendría que quedarse con ellos semanas y semanas. Claro que sí; le encantaría quedarse con ellos, y así fue como salió a la luz. En todos estos años los Dalloway no habían ido ni una sola vez. Una y otra vez los habían invitado. Clarissa (pues era Clarissa, por supuesto) no quiso ir. Porque, decía Sally, Clarissa era una snob
Table of Contents
La señora Dalloway
269