¡De modo que la crisis había llegado! Necesitaba tiempo para reflexionar sobre ella. Mañana hablaría con Polina.
¡Ah! ¡El francés! Conque, ¿era verdad? Pero ¿cómo ha podido ser? ¡Polina y De Griers! ¡Qué combinación!
No, era demasiado improbable.
De repente salté con la idea de buscar a Astley y obligarle a hablar. No cabía duda de que él sabía más que yo.
¿Astley? Bueno, él era otro problema que debía resolver.
De repente llamaron a la puerta, y al abrir me encontré con que Potapitch me estaba esperando.
—Señor —dijo—, mi señora lo reclama.
—¿De verdad? Pero está a punto de marchar, ¿no es