amor propio; al hecho de que de Griers se le apareció una vez bajo la transfigurada apariencia de un marqués, de un liberal desencantado y arruinado que hacía todo lo posible por ayudar a su familia y al frívolo viejo general; y, aunque estas maquinaciones suyas ya han salido a la luz, comprobará usted que dicha revelación no ha causado impresión alguna en su mente. Bástale con darle al de Griers de antaño, y no le pedirá a usted nada más. Cuanto más deteste al de Griers actual, más lamentará al de Griers del pasado —aun cuando este último jamás haya existido sino en su propia imaginación. Usted es un refinador de azúcar, míster Astley, ¿verdad?
“Sí, pertenezco a la conocida firma de Lovell and Co. ”
“Pues mire usted. Por un lado es usted un refinador de azúcar, mientras que, por el otro, es usted un Apolo de Belvedere. Pero ambos personajes no concuerdan entre sí. Yo, a mi vez, ni siquiera soy refinador de azúcar; soy un simple jugador de ruleta que también ha servido de lacayo. De este hecho la señorita Polina está probablemente muy al corriente, puesto que parece tener a su disposición una excelente fuerza de policía”.