Supongamos que el «Vater» ha ahorrado una cierta cantidad de gülden que le entrega a su hijo mayor, para que dicho hijo pueda adquirir un oficio o una pequeña parcela de tierra. Bueno, uno de los resultados es privar a la hija de una dote, dejándola así entre las solteras. Por la misma razón, los padres tendrán que vender al hijo menor a la servidumbre o a las filas del ejército, para que pueda ganar más para el capital familiar. Sí, esas cosas se hacen, pues he estado indagando sobre el tema. Todo se hace por pura rectitud —de una rectitud que se magnifica hasta el punto de que el hijo menor cree que ha sido justamente vendido, y que es sencillamente idílico que la víctima se regocije cuando la empeñan.
¿Qué más tengo que contar? Pues esto: que los asuntos pesan con la misma dureza sobre el hijo mayor. Quizás tenga a su Gretchen a quien su corazón está atado; pero no puede casarse con ella por la razón de que aún no ha amasado suficientes gülden. Así pues, la pareja sigue esperando en un estado de sincera y virtuosa expectación, y mientras tanto se empeñan a sí mismos con una sonrisa. Las mejillas de Gretchen se hunden y empieza a marchitarse; hasta que al fin, al cabo de unos veinte