haber poca necesidad de ocultamiento donde apenas queda nada por ocultar. No menciona ningún nombre en la carta, pero la señorita Fairlie sabe que la persona sobre la que escribe es Sir Percival Glyde...
En el mismo instante en que pronuncié aquel nombre, ella se puso en pie de un salto, y de su garganta brotó un grito que resonó en el camposanto y me hizo dar un vuelco al corazón por el terror que transmitía. La oscura fealdad de la expresión que acababa de abandonar su rostro se abatía sobre él una vez más, con doble y triple intensidad. El alarido al pronunciar el nombre, la renovada mirada de odio y miedo que lo siguió al instante, lo revelaban todo. Ya no quedaba ni la última de las dudas. Su madre era inocente de haberla encerrado en el manicomio. Un hombre la había recluido,