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nydus/The Woman in WhitePublic
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I. La historia comenzada por Walter Hartright, de Clement’s Inn, profesor de dibujo

nuevas órdenes.

—Sí. ¡Exactamente así! —dijo el señor Fairlie, consultando las tablettes—.[^1] Louis, baja esa cartera.

Señaló, mientras hablaba, varias carteras colocadas cerca de la ventana, sobre soportes de caoba.

—No. La del lomo verde no; esa contiene mis aguafuertes de Rembrandt, señor Hartright. ¿Le gustan los aguafuertes? ¿Sí? Qué alegría que tengamos otro gusto en común. La cartera del lomo rojo, Louis. ¡No la derribes! No se hace usted idea de los tormentos que sufriría, señor Hartright, si Louis llegara a derribar esa cartera. ¿Está segura sobre la silla? ¿Cree que está segura, señor Hartright? ¿Sí? Qué alegría. ¿Sería tan amable de mirar los dibujos, si de verdad cree que están bien seguros? Louis, márchate. Qué idiota eres. ¿No me ves sosteniendo las tablettes? ¿Te imaginas que quiero sostenerlas? Entonces, ¿por qué no me aligeras de las tablettes sin necesidad de decírmelo? Mil perdones, señor Hartright; los criados son unos idiotas, ¿verdad? Dígame, se lo ruego, ¿qué opina de los dibujos? Provienen de una subasta en un estado espantoso; me pareció que olían a los dedos horribles de los marchantes y los agentes la última vez que los miré. ¿Puede hacerse cargo de ellos?

[^1] Nota del traductor: Se mantiene el término en francés «tablettes» (libretita de marfil o tablillas para notas) tal como aparece en el original.

Aunque mis nervios no eran lo bastante delicados como para percibir el olor a dedos plebeyos que había ofendido las fosas nasales del señor Fairlie, mi gusto estaba lo suficientemente educado como para permitirme apreciar el valor de los dibujos mientras los hojeaba. Eran, en su mayor parte, muestras verdaderamente excelentes del arte inglés en acuarela; y habían merecido un trato mucho mejor por parte de su anterior poseedor del

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