The Woman in White ha sido acogida con tan notable favor por un muy amplio círculo de lectores, que este volumen apenas necesita introducción preliminar alguna por mi parte. Todo lo que me es necesario decir acerca de la presente edición —la primera publicada en un formato portátil y popular— puede resumirse en pocas palabras.
Me he esforzado, mediante una cuidadosa corrección y revisión, en hacer que mi historia sea tan digna como me fue posible de una continuación de la aprobación del público. Ciertos errores técnicos que se me habían escapado mientras escribía el libro quedan aquí rectificados. Ninguno de estos pequeños defectos interfería en lo más mínimo con el interés de la narración, pero convenía eliminarlos en la primera oportunidad, por respeto a mis lectores; y en esta edición, por consiguiente, ya no existen.
Habiéndose expresado ciertas dudas, en ciertos sectores quisquillosos, acerca de la correcta exposición de los «puntos» legales incidentales en la historia, se me permitirá mencionar que no escatimé esfuerzos —en este caso, como en todos los demás— para evitar inducir a error involuntariamente a mis lectores. Un procurador de gran experiencia en su profesión guio mis pasos con suma amabilidad y cuidado, siempre que el curso de la narración me adentraba en el laberinto de la Ley. Toda cuestión dudosa fue sometida a este caballero, antes de que me aventurara a poner la pluma sobre el papel; y todas las pruebas de imprenta referidas a asuntos legales fueron corregidas por su mano antes de que la historia fuera publicada. Puedo añadir, bajo alta autoridad judicial, que estas precauciones no se tomaron en vano. La «ley» de este libro ha sido debatida, desde su publicación, por más de un tribunal competente, y se ha dictaminado que es sólida.