su hermana, la señora Kempe, durante su última enfermedad, se había visto obligada a traer a su hija consigo, ya que no tenía a nadie en casa que cuidara de la niña. La señora Kempe puede morir en el plazo de una semana, o puede prolongar su agonía durante meses; y el objetivo de la señora Catherick era pedirme que permitiera que su hija, Anne, tuviera el beneficio de asistir a mi escuela, bajo la condición de que fuera retirada de ella para regresar a casa con su madre después de la muerte de la señora Kempe. > > Accedí de inmediato, y cuando Laura y yo salimos a dar nuestro paseo, llevamos a la niña (que tiene exactamente once años) a la
Una vez más la silueta de la señorita Fairlie, brillante y suave con su vestido de muselina nívea —con el rostro graciosamente enmarcado por los blancos pliegues del pañuelo que se había anudado bajo la barbilla—, pasó junto a nosotras a la luz de la luna. Una vez más la señorita Halcombe esperó hasta que estuvo fuera de vista y luego continuó:
“ ‘He tomado un violento capricho, Philip, por mi nueva alumna, por un motivo que me reservo hasta el final con el fin de sorprenderte. Como su madre me había dicho tan poco de la niña como de sí misma, me vi en la necesidad de descubrir (lo cual hice el primer día en que la pusimos a prueba con las lecciones) que el intelecto de la pobre criatura no está desarrollado como debiera a su edad. Al ver esto, la hice subir a la casa al día siguiente y concerté en privado con el médico que viniera a observarla y a interrogarla, y