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nydus/The Woman in WhitePublic
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La continuación de la historia por Vincent Gilmore, de Chancery Lane, procurador

impuesto sus atenciones mientras estuvo presente, ni incomodó a la señorita Halcombe haciendo alusión a su marcha una vez que se hubo ido. Su tacto y su buen gusto nunca flaquearon en esta ni en ninguna otra ocasión mientras estuve en su compañía en Limmeridge House.

Tan pronto como la señorita Fairlie hubo abandonado la habitación, nos libró a todos de la vergüenza en torno al asunto de la carta anónima, al aludir a ella por propia iniciativa.

Se había detenido en Londres de camino desde Hampshire, había visto a su procurador, había leído los documentos remitidos por mí y había viajado a Cumberland, ansioso por tranquilizar nuestras mentes con la explicación más rápida y completa que las palabras pudieran transmitir.

Al oírle expresarse en este sentido, le ofrecí la carta original, que había guardado para su inspección. Me dio las gracias y rehusó mirarla, diciendo que había visto la copia y que estaba muy dispuesto a dejar el original en nuestras manos.

La declaración misma, en la que entró inmediatamente, fue tan sencilla y satisfactoria como yo había previsto desde el principio que sería.

La señora Catherick, nos informó, le había contraído en el pasado ciertas obligaciones por los fieles servicios prestados a las conexiones de su familia y a él mismo. Había tenido la doble desgracia de estar casada con un marido que la había abandonado y de tener una hija única cuyas facultades mentales se habían hallado en un estado alterado desde una edad muy temprana. Aunque su matrimonio la había trasladado a una zona de Hampshire muy alejada del vecindario en el que se hallaban las propiedades de sir Percival, él se había ocupado de no perderla de vista; su

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