a pasar ante nosotros por la terraza. Iba canturreando en voz baja una de las melodías que había estado tocando antes, por la noche. La señorita Halcombe esperó a que volviera a perderse de vista y continuó con la carta:
“ ‘La señora Catherick es una mujer decente, de buen comportamiento y respetuosa; de mediana edad y con los restos de haber sido medianamente, solo medianamente, agraciada. Hay algo en sus modales y en su aspecto, sin embargo, que no logro comprender. Es reservada en lo que a ella respecta hasta el punto del más absoluto secreto, y hay una mirada en su rostro —no sé cómo describirla— que me sugiere que tiene algo en la conciencia. En conjunto, es lo que se diría un misterio andante. > > Sin embargo, su propósito en Limmeridge House era bastante simple. Cuando dejó Hampshire para cuidar a