tecnicismos. El asunto es de la máxima importancia. Advierto a todos los lectores de estas líneas que la herencia de la señorita Fairlie es una parte muy seria de la historia de la señorita Fairlie, y que la experiencia del señor Gilmore, en este aspecto particular, debe ser también la suya si desean comprender los relatos que aún están por venir.
Las expectativas de la señorita Fairlie, por lo tanto, eran de una doble índole, y abarcaban su posible herencia de bienes inmuebles, o tierras, cuando su tío muriera, y su absoluta herencia de bienes muebles, o dinero, cuando alcanzara la mayoría de edad.
Tomemos primero la tierra.
En los tiempos del abuelo paterno de la señorita Fairlie (a quien llamaremos el señor Fairlie, el viejo), la sucesión vinculada del patrimonio de Limmeridge se hallaba establecida de este modo:
El mayor