presencia aquí— y, en el transcurso de nuestra conversación, ella se vio naturalmente llevada a hablarme de este desagradable asunto relacionado con la carta anónima, y de la parte que usted ha tomado, de manera tan honrosa y adecuada, en los procedimientos hasta el momento. Esa parte, lo comprendo perfectamente, le otorga a usted un interés que de otro modo quizás no habría sentido en saber que la futura gestión de la investigación que ha comenzado se pondrá en manos seguras. Mi querido señor, quédese muy tranquilo al respecto; se pondrá en mis manos.
—Usted es, en todos los sentidos, señor Gilmore, mucho más apto para aconsejar y actuar en este asunto que yo. ¿Es una indiscreción por mi parte preguntar si ya se ha decidido por un curso de acción?
“Hasta donde es posible decidir, Mr. Hartright, ya he decidido. Es mi intención enviar una copia de la carta, acompañada de una exposición de los acontecimientos, al procurador de Sir Percival Glyde en Londres, con quien tengo cierta relación. La carta en sí la conservaré aquí para mostrársela a Sir Percival tan pronto como llegue. El rastro de las dos mujeres ya lo he previsto enviando a uno de los criados de Mr. Fairlie —una persona de confianza— a la estación para hacer averiguaciones. El hombre lleva dinero e instrucciones, y seguirá a las mujeres en caso de encontrar alguna pista. Esto es todo lo que puede hacerse hasta que Sir Percival llegue el lunes. No me cabe la menor duda de que dará gustosamente todas las explicaciones que quepa esperar de un caballero y un hombre de honor. Sir Percival está muy bien considerado, señor —ocupa una posición eminente, una reputación libre de toda sospecha—, me siento muy tranquilo