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nydus/The Woman in WhitePublic
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I. La historia comenzada por Walter Hartright, de Clement’s Inn, profesor de dibujo

¡re rozagante carambola!... ¡por primera vez en mi vida no tengo suficientes ojos en la cabeza para mirarte y admirarme!

Ni la evidente consternación de mi madre ante mi comportamiento, ni la ferviente enumeración por parte de Pesca de las ventajas que me ofrecía el nuevo empleo, tuvieron efecto alguno para disuadir mi irracional aversión a ir a Limmeridge House.

Tras plantear todas las objeciones triviales que se me ocurrieron sobre ir a Cumberland, y tras escuchar cómo se les daba respuesta, una tras otra, para mi total desconcierto, intenté interponer un último obstáculo preguntando qué iba a ser de mis alumnos en Londres mientras yo le enseñaba a las señoritas del señor Fairlie a dibujar del natural.

La respuesta obvia a esto fue que la mayor parte de ellos estarían fuera en sus viajes de otoño, y que los pocos que se quedaban en casa podían confiarse al cuidado de uno de mis colegas profesores de dibujo, cuyos alumnos yo había atendido en una ocasión bajo circunstancias similares.

Mi hermana me recordó que este caballero había puesto expresamente sus servicios a mi disposición durante la presente temporada, por si deseaba marcharme de la ciudad; mi madre me suplicó seriamente que no dejara que un capricho vano se interpusiera en el camino de mis propios intereses y de mi propia salud; y Pesca me rogó con compasión que no le hiriera en lo más profundo al rechazar el primer ofrecimiento de agradecimiento que había podido hacerle al amigo que le había salvado la vida.

La evidente sinceridad y afecto que inspiraban estas admoniciones habrían influido en cualquier hombre que tuviera una pizca de buenos sentimientos. > Aunque no pude vencer mi propia perversidad inexplicable, tuve al menos la virtud suficiente como

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