para avergonzarme profundamente de ella, y terminar la discusión amablemente cediendo y prometiendo hacer todo lo que se me
El resto de la velada transcurrió bastante alegremente entre divertidas anticipaciones de mi futura vida con las dos jóvenes en Cumberland. Pesca, inspirado por nuestro grog nacional —que pareció habérsele subido a la cabeza, de la manera más maravillosa, cinco minutos después de habérselo tragado—, hizo valer sus pretensiones de ser considerado un auténtico inglés pronunciando una serie de discursos en rápida sucesión en los que propuso un brindis por la salud de mi madre, la de mi hermana, la mía y, en bloque, las del señor Fairlie y las dos señoritas, agradeciéndolos después él mismo, patéticamente, en nombre de todo el grupo. > «Un secreto, Walter —me dijo mi pequeño amigo en confidencia, mientras caminábamos juntos hacia casa—. Me siento ebrio por el recuerdo de mi