siguiente modo:—
“—Te cansarás, querido Philip, de oír hablar perpetuamente de mis escuelas y de mis alumnos. Échale la culpa, te lo ruego, a la aburrida monotonía de la vida en Limmeridge, y no a mí. Además, esta vez tengo algo realmente interesante que contarte sobre una nueva alumna.
—Ya conoces a la anciana señora Kempe, la de la tienda del pueblo. Pues bien, tras años de dolencias, el médico por fin la ha desahuciado, y se está muriendo lentamente día tras día. Su única pariente viva, una hermana, llegó la semana pasada para cuidarla. Esta hermana viene desde Hampshire; su apellido es Catherick. Hace cuatro días, la señora Catherick vino a verme y trajo consigo a su única hija, una dulce niña un año mayor que nuestra querida Laura—”
Al caer la última frase de los labios de la lectora, la señorita Fairlie volvió