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La emancipación de la mujer en relación con el amor romántico

un alto grado de devoción conyugal y de afecto doméstico, al menos en Roma, pero el derecho de la mujer a seguir las inspiraciones de su propio corazón, y la idealización y el culto de la mujer por parte del hombre, no solo eran apenas conocidos sino que, en la medida en que se conocían, eran reprobados o condenados.

Ovidio, en opinión de algunos, representa un nuevo movimiento en Roma. Solemos considerar a Ovidio, en cuestiones eróticas, como el representante de un grupo de voluptuosos romanos inmorales.

Esa opinión probablemente requiera una modificación considerable. Ovidio no era, en efecto, un adalid de la moralidad, pero no hay razones de peso para suponer que, antes de su aparición, la mente romana, más bien severa, hubiera concebido ya aquellos refinamientos y cortesías que él expuso con tan encantador detalle.

Si abarcamos con una amplia perspectiva su obra, tal vez podamos considerar a Ovidio como el pionero de una actitud caballeresca hacia las mujeres y de una concepción romántica del amor, no solo nueva en Roma, sino de gran importancia para Europa en general. Ovidio fue un factor determinante en el movimiento renacentista, y no menos en Inglaterra, donde su influencia en Shakespeare y en algunos otros isabelinos apenas puede sobrevalorarse. 1

Para la mente clásica ordinaria, griega o romana, el matrimonio estaba destinado al fin de construir la familia, y la familia estaba consagrada al Estado. El cumplimiento de una función tan exaltada implicaba cierta dignidad austera que excluía la inclinación caprichosa o la emoción apasionada. Estas podían, en verdad, darse entre un hombre y una mujer fuera del matrimonio, pero dejando a lado los muy limitados fenómenos del hetarismo ateniense, eran demasiado vergonzosas para ser idealizadas.

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