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nydus/The Task of Social HygienePublic
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Individualism and Socialism

El hombre es un animal social en constante acción y reacción con todos sus semejantes del mismo grupo —un grupo que se vuelve cada vez más grande a medida que la civilización avanza— y el socialismo es meramente la declaración formal de este hecho social último.

Hay una divinidad que protege a ciertas palabras. Un terror sagrado advierte a los profanos que se alejen de ellas como de algo que pudiera fulminar la vista del espectador. De hecho, así es, y hasta una persona de vista aguda puede quedar cegada por una palabra semejante. De estas palabras, ninguna es más típica que la palabra «socialismo». No hace mucho tiempo, un personaje público prominente, de gran inteligencia, pero evidentemente susceptible a la influencia aterrorizadora de las palabras, fue a Glasgow a pronunciar un discurso sobre la Reforma Social. Advirtió a sus oyentes contra el socialismo y les dijo que, a pesar de hablarse tanto de él, no había avanzado ni una sola pulgada; de socialismo práctico o colectivismo no había señal alguna. Sin embargo, como algunos de sus oyentes señalaron, pronunció su discurso en un salón de propiedad municipal, iluminado por luces municipales, ante un público que en gran parte había llegado en tranvías municipales, circulando por calles de propiedad municipal, mantenidas y vigiladas por el municipio. Este público se educó en gran medida en escuelas estatales, en las que sus hijos hoy en día pueden recibir no solo educación gratuita y libros gratuitos, sino, de ser necesario, alimentación gratuita y revisión y tratamiento médicos gratuitos. Además, los miembros de este mismo público, a quienes así se les aseguraba la inexistencia del socialismo, tienen derecho a tratamiento gratuito en el hospital municipal si contraen alguna enfermedad infecciosa; el municipio les proporciona gratuitamente conciertos y galerías de pintura, campos de golf y piscinas; y, finalmente, en la vejez, si cumplen los requisitos, reciben una pensión del Estado.

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