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La emancipación de la mujer en relación con el amor romántico

La fase más extravagante del amor romántico que jamás se haya visto se originó entonces y, en muchos casos, ciertamente, fue una erotomanía real que sobrepasó los límites de la cordura.

Sin embargo, en sus formas extremas, este amor romántico fue una manifestación rara, localizada y efímera. La actitud dominante de la época caballeresca hacia las mujeres, como ha demostrado Léon Gautier en su obra monumental sobre la caballería, era de indiferencia o incluso de desprecio. Los pensamientos del caballero estaban más en la guerra que en las mujeres, y apreciaba más a su caballo que a su dama.

Pero las mujeres, sobre todo en Francia, reaccionaron contra esta actitud, y con espléndido éxito. Sus maridos las trataban con indiferencia o las dejaban en casa mientras ellos buscaban aventuras por el mundo. Las esposas negligidas procedieron a dictar las leyes de la sociedad, y asumieron el papel de gobernantes en el dominio de la moral. En los siglos undécimo, duodécimo, decimotercero —dice Méray en un libro encantador sobre la vida en la época de las Cortes de Amor—, encontramos a las mujeres «con infinita habilidad y un refinamiento adorable tomando la dirección moral de la sociedad francesa». Lo hicieron, señala, en un espíritu tan utópico, tan idealmente poético, que los historiadores han dudado en tomarlas en serio. Las leyes de las Cortes de Amor9 pueden parecernos a veces inmorales y licenciosas, pero en realidad sirvieron para refrenar las peores inmoralidades y licencias de la época. Desterraron la violencia, no permitieron ninguna venalidad e inculcaron la moderación en la pasión. La tarea de las Cortes de Amor se vio facilitada por el grado relativo de paz que reinaba entonces, especialmente por el hecho de que los normandos, que dominaban ambas costas del Canal, formaban un vínculo entre Francia e Inglaterra.

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