La única compulsión que podemos aplicar en la eugenesia es la compulsión que proviene del interior. Todos aquellos en quienes se halle desarrollado un fino sentido de responsabilidad social y racial desearán, antes del matrimonio, dar y recibir la información más completa sobre todos los asuntos que conciernen a la herencia ancestral, al tiempo que el registro de dicha información, es probable, se tornará cada vez más simple y más rutinario.
42 Y si descubre que no está justificado para ayudar a perpetuar la raza, el eugenista se contentará con hacerse, en palabras de Jesús, «un eunuco por causa del reino de los cielos», ya sea que, bajo las condiciones modernas, eso signifique la abstención de la procreación en el matrimonio, o la esterilización voluntaria mediante métodos quirúrgicos.
43 Pues, como ha señalado Giddings, la meta de la raza no radica en la exaltación despiadada de un superhombre, sino en la evolución de una superhumanidad. Tal meta solo puede alcanzarse mediante la selección y la eliminación resueltas.
La crianza de los hombres depende en gran medida de las manos de las mujeres. Es por ello que la cuestión de la eugenesia se identifica en gran medida con la cuestión de la mujer. La materialización de la eugenesia en nuestra vida social solo puede alcanzarse con la materialización del movimiento de la mujer en su fase más reciente y completa como una cultura esclarecida de la maternidad, en todo lo que la maternidad implica tanto en el aspecto físico como en el psíquico.