«Casi no hay rasgo, artículo de vestir, actitud, acto —ha señalado con acierto el Dr. Stanley Hall—, o incluso animal, o tal vez objeto en la naturaleza, que para alguna mente morbosa no pueda tener un poder erógeno y erético especializado.» Si, por tanto, deseamos suprimir lo sugestivo desde el punto de vista sexual y lo posiblemente obsceno, estamos obligados a suprimir el mundo entero, empezando por el género humano, pues una vez que entramos en ese camino no hay un punto definido en el que podamos detenernos lógicamente. La verdad es, como el Sr. Theodore Schroeder ha insistido tan
que la "obscenidad" es subjetiva; no puede residir en un objeto, sino únicamente en la mente impura que se ve influenciada por el objeto. En este asunto, el Sr. Schroeder es simplemente un seguidor, con cierto desfase, de San Pablo. Debemos trabajar no sobre el objeto, sino sobre la mente impura afectada por el objeto. Si el corazón impuro no es suprimido, es inútil suprimir el objeto impuro, mientras que si el corazón es renovado, toda