urbanos. Como el habitante rural es más prolífico que el urbano, esto significa que la población rural se vierte constantemente en las ciudades. Cuanto más crecen nuestras grandes ciudades, más irresistible se vuelve la atracción que ejercen sobre los hijos del campo, quienes se sienten fascinados por ellas, tal como los pájaros se sienten fascinados por el faro o las polillas por la vela. Y los resultados no son del todo desemejantes a los que esta analogía sugiere. En la actualidad, un tercio de la población de Londres está compuesto por inmigrantes del campo. Sin embargo, a pesar de este inmenso y constante flujo de sangre nueva y vigorosa, este nunca basta para elevar a la población urbana al mismo nivel de estabilidad física y nerviosa que posee la población rural. Por muy alerta, vivaz, inteligente, e incluso urbana en el sentido más refinado, que llegue a volverse la población urbana —tal vez no al principio, pero sí al final—, esta pierde inevitablemente su resistencia y sus reservas de energía vital. El Dr. Cantlie define muy acertadamente al londinense como una persona cuyos cuatro abuelos pertenecían a Londres, y él no pudo encontrar ninguno. El Dr. Harry Campbell ha encontrado a unos pocos que podían reclamar abuelos londinenses; eran pobres especímenes de la humanidad.
48Aun en el aspecto intelectual no hay grandes londinenses. Es bien sabido que varios hombres eminentes han nacido en Londres; pero, en el curso de un estudio algo minucioso sobre los orígenes de los hombres de genio británicos, no he podido hallar ninguno que fuera genuinamente londinense por linaje.49 La vida urbana socava esa fuerza tranquila y estoica que es necesaria para todo gran esfuerzo y tensión, ya sea física o intelectual. El mejor cuerpo de hombres de Londres, como clase, es la policía de Londres, y Charles