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nydus/The Task of Social HygienePublic
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Inmorality and the Law

No consta que el gran número de prostitutas en Nueva York haya disminuido ni en una sola unidad, pero de vez en cuando se realizan intentos en uno u otro distrito por parte de un funcionario inusualmente enérgico para hacer cumplir las leyes, y es entonces cuando es posible estudiar los resultados. Cuando las casas de tolerancia son clausuradas a gran escala, es natural que haya un gran número de prostitutas que deban buscar hogares en otra parte para poder continuar con su negocio. En cierta ocasión, bajo los auspicios del fiscal de distrito Jerome, el Comité de los Catorce informó que ochocientas mujeres fueron echadas a la calle en una sola noche. Para muchas existen los hoteles de la Ley Raines. Un gran número de otras se refugia en conventillos. Dichas viviendas en distritos populosos están abarrotadas de familias, y con estas la prostituta entra necesariamente en estrecho contacto. En consecuencia, las semillas de trastorno físico y mental que pueda portar se diseminan en un terreno mucho más fértil que antes. Además, las leyes la obligan a desplegar una gran energía en el ejercicio de su profesión. Dado que albergarla constituye un delito, tiene que pagar un alquiler dos veces más alto del que otras personas tendrían que pagar por las mismas habitaciones. Es posible que tenga que sobornar a la policía para que no la acose, así como a otros para que la protejan del acoso. Está rodeada de personas a las que la ley alienta a saquearla. Se ve obligada a emplear sus energías al máximo rendimiento para ganar las sumas tan elevadas que son necesarias, no para obtener beneficios propios, sino para alimentar a todos los tiburones ávidos de apoderarse de lo que se le entrega. El celo ciego o perverso de los legisladores morales no solo intensifica los males que pretende curar, sino que introduce una plaga entera de nuevos males.

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