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nydus/The Task of Social HygienePublic
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Introducción

significa que cada año unas 35.000 personas débiles mentales son enviadas a las prisiones inglesas como «delincuentes». La tendencia de los delincuentes a pertenecer a la clase de los débiles mentales se reconoce, en efecto, cada día con mayor claridad.

En Pentonville, dejando a un lado a los prisioneros demasiado afectados mentalmente como para ser aptos para la disciplina penitenciaria, se descubrió que el dieciocho por ciento de los presos adultos y el cuarenta por ciento de los delincuentes juveniles eran deficientes mentales.

Esto incluye únicamente a aquellos cuyo defecto es bastante evidente, y no es el resultado de una investigación metódica. Es seguro que dicha investigación metódica revelaría una proporción muy grande de casos de deficiencia mental menos evidente.

Así, el examen sistemático de un cierto número de niños delincuentes en una Escuela Industrial demostró que en el setenta y cinco por ciento de los casos eran deficientes en comparación con los niños normales, y que dicha deficiencia era probablemente de nacimiento.

Hasta la posesión de un grado considerable de astucia no es prueba en contra de un defecto mental, sino que más bien podría decirse que es un signo de este, pues demuestra una inteligencia incapaz de comprender las relaciones más amplias de la vida, y concentrada en la gratificación de deseos mezquinos e inmediatos. De este modo ocurre que la astucia de los delincuentes se asocia frecuentemente con una estupidez casi inconcebible.

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