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El nuevo aspecto del movimiento de las mujeres

actividad en la vida pública. Fue su actividad, en efecto, mucho más que la destreza de las mujeres que lucharon por el sufragio, la que hizo inevitable la emancipación política de las mujeres, y aquellas nobles y brillantes mujeres que a mediados del siglo XIX recrearon el sistema educativo para la mujer, preparándola así para desempeñar su papel adecuado en la vida, fueron las mejores trabajadoras que la causa de la emancipación de la mujer tuvo jamás.

Hubo, sin embargo, un distinguido amigo de la emancipación de la mujer cuya defensa de la causa en este periodo fue de un valor inmenso. Hace ya casi medio siglo que John Stuart Mill —inspirado, al igual que Thompson, por una mujer— escribió El sometimiento de la mujer, y sin duda puede afirmarse que desde entonces ningún libro sobre este tema publicado en ningún país —con la única excepción de La mujer de Bebel— ha sido tan leído ni ha tenido tanta influencia.

El apoyo de este distinguido y autoritario pensador imprimió al movimiento de las mujeres un sello de intelectualidad aristocrática muy valioso en una tierra donde hasta las mentes más finas suelen adolecer de la enfermedad de la timidez, y fue sin duda una de las causas principales de la cordial acogida que en Inglaterra ha recibido desde hace tiempo entre los políticos la idea de la emancipación política de las mujeres.

El libro de Bebel, traducido rápidamente al inglés, aportó el complemento plebeyo al de Mill.

El movimiento en favor de la educación de la mujer y de su introducción en profesiones anteriormente monopolizadas por los hombres impulsó inevitablemente el movimiento para extenderle el sufragio. Esta reforma política tuvo un éxito notable a la hora de ganarse a los políticos, y no solo a los de un único partido. En Inglaterra, desde que Mill publicó su obra The Subjection of Women en 1869, siempre ha habido estadistas eminentes convencidos de la

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