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nydus/The Task of Social HygienePublic
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Eugenesia y Amor

personas tienden a sentirse atraídos por ciertos tipos, especialmente que los semejantes se sienten atraídos por los semejantes más que los opuestos por los opuestos, y que, a su vez, mientras que ciertos tipos de personas tienden a casarse con especial frecuencia, otros tipos tienden a quedarse solteros.

La selección sexual, aun cuando se deja a influencias aleatorias, sigue sin dejarse al azar; obedece a leyes definidas y cognoscibles. De este modo, el juego del amor, por muy libre que pueda parecer, está realmente limitado en diversos sentidos.

Las personas no suelen enamorarse de quienes representan un contraste racial con respecto a ellas; no suelen enamorarse de extranjeros; no suelen sentirse atraídas por los feos, los enfermos, los deformes. Todo esto puede suceder, pero constituye la excepción y no la regla.

Estas limitaciones a los impulsos errantes del amor, si bien son muy reales, varían hasta cierto punto en distintas épocas según los ideales que estén de moda. En épocas más remotas se han visto modificadas de manera aún más profunda por ideas religiosas y sociales; la poligamia y la poliandria, la costumbre de casarse únicamente dentro de la propia casta, o exclusivamente fuera de ella, todos estos planes diversos y contradictorios han sido aceptados con facilidad en algún lugar y en algún momento, y no han supuesto un obstáculo más consciente para el libre juego del amor que el que representa entre nosotros la prohibición del matrimonio entre parientes cercanos.

Aquellos espíritus simples que hablan de la fuerza ciega e irresistible de la pasión son, ellos mismos, ciegos ante hechos psicológicos de lo más comunes.

La pasión —cuando se produce— requiere en las personas normales de fuerzas acumuladas y prolongadas para imprimirle su impulso total.

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