no sabemos absolutamente nada acerca de la tasa de natalidad de estos pueblos invasores ni antes ni durante el periodo de sus incursiones. Por otra parte, es seguro que, en los tiempos modernos, una tasa de natalidad alta y en aumento presenta una condición favorable para la guerra. Una guerra distrae la atención de los disturbios internos y de la miseria económica que un crecimiento demográfico demasiado rápido produce necesariamente, al tiempo que tiende a apartar y destruir el exceso de población que causa dichos disturbios y dicha miseria. Sin embargo, existen otras maneras de hacer frente a esta superpoblación además del método tosco de la guerra. La reforma social y la emigración proporcionan métodos igualmente eficaces y mucho más humanos para contrarrestar tal presión. Sin duda, la superpoblación resultante de una tasa de natalidad excesivamente alta, cuando no es contrarrestada —como tiende a serlo— por una tasa de mortalidad igualmente alta debido a las enfermedades, puede considerarse como una causa predisponente de la guerra; pero afirmar que es la causa preeminente es ir mucho más allá de las pruebas disponibles en la actualidad.
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La guerra contra la guerra
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