estarían en condiciones de aportarle al angloparlante cuanta información considerasen conveniente para él. A primera vista esto parece una ventaja para los pueblos de habla inglesa, porque así se ahorrarían un cierto gasto de energía; pero una muy pequeña reflexión demuestra que tal ahorro de energía es como el efectuado por el gusano parásito intestinal, al que se le lleva el alimento digerido listo para su boca. Conduce a la degeneración. No es el pueblo cuya lengua se aprende, sino el pueblo que aprende una lengua el que cosecha el beneficio, espiritual y material. Hoy se admite en el mundo comercial que el entusiasmo de los alemanes por aprender inglés ha reportado más ventajas a los alemanes que a los ingleses. Además, el elevado nivel intelectual de las pequeñas naciones en la actualidad se debe en gran medida a que todos sus miembros educados deben dominar una o dos lenguas además de la propia. El gran defecto de la mente inglesa es la insularidad; la virtud de su energía bulliciosa va acompañada de una falta de perspicacia ante las distintas virtudes de otros pueblos. Si el curso natural de los acontecimientos condujera al uso exclusivo del inglés para la comunicación internacional, este defecto se vería aún más acentuado. El inmenso valor de familiarizarse con una lengua extranjera radica en que mediante ella somos conducidos a un nuevo mundo de tradición, pensamiento y sentimiento. Antes de conocer verdaderamente una lengua nueva, hemos de percatarnos de que las palabras que al principio parecen equivalentes a las de nuestra propia lengua a menudo poseen una atmósfera totalmente diferente, un rango o dignidad distinta de la que ocupan en nuestra lengua. Es al aprender esta diferencia en la connotación moral de una lengua y su expresión en la literatura donde cosechamos el verdadero beneficio de conocer una lengua extranjera. No hay otro modo —ni siquiera la residencia en un país extranjero si ignoramos su idioma— que nos saque del círculo habitual de nuestras propias tradiciones. Esto imparte una flexibilidad mental y una simpatía emocional que ninguna otra disciplina puede proporcionar.
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El problema de un idioma internacional
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