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nydus/The Task of Social HygienePublic
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Inmorality and the Law

insatisfactorio y, sin lugar a dudas, crea una situación de gran dificultad y desconcierto para las autoridades. Una mayoría de 700 en un total de 120.000 votos claramente no es un mandato suficiente para una ley drástica que la experiencia previa ha demostrado de manera concluyente que no puede aplicarse con éxito en los distritos urbanos del Estado». La aplicación exitosa de la prohibición a escala estatal parecería ser desesperada. La historia de la Prohibición en Maine constituirá para siempre una prueba elocuente del daño que se produce cuando el antiguo fracaso eclesiástico en distinguir entre la esfera de la moral y la esfera de la ley se perpetúa bajo las condiciones de la vida moderna. El intento de obligar a los hombres a dar al César lo que es de Dios siempre debe terminar así.

En estas cuestiones presenciamos en América la supervivencia de una antigua tradición. Los primeros puritanos eran individualistas, es verdad, pero su individualismo adoptaba una forma teocrática y, en nombre de Dios, consideraban los crímenes y los vicios por igual e indistintamente como pecados. Vemos exactamente el mismo punto de vista en los Penitenciales del siglo IX, que eran códigos eclesiásticos que trataban, con exactamente el mismo espíritu y de la misma manera, el crimen y el vicio, sin reconocer otra cosa que una cierta diferencia de grado entre el asesinato y la masturbación. En el siglo IX, y aun mucho después, en la Ginebra de Calvino y en la Nueva Inglaterra de Cotton Mather, era posible llevar a la práctica esta concepción teocrática de la unidad de los vicios y los crímenes, y el castigo de ambos por igual en tanto que pecados, pues la comunidad en general aceptaba ese punto de vista. Pero eso está muy lejos de ser el caso en los Estados Unidos de hoy. El resultado es que en América encontramos a este respecto un estado de cosas análogo al que existía en Francia, antes de que la Revolución remodelara las leyes de acuerdo con

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