la moral autónoma, cuando cualquier otro país de Europa estaba cerrado a estas manifestaciones del espíritu, y algo de esa misma tradición siempre ha inspirado sus hábitos de pensamiento, incluso cuando estos han sido en gran medida puritanos. De modo que había aquí un terreno despejado para que el movimiento actuara, y este ha encontrado expresión, de un carácter verdaderamente muy radical, en la nueva llamada «Ley de Moralidad», que fue aprobada en 1911 tras varias semanas de debate. Indudablemente esta ley contiene características excelentes; así, los agentes de la «trata de blancas», que hasta entonces habían sido especialmente activos en Holanda, se ven ahora amenazados con cinco años de prisión. Aquí nos ocupamos de lo que puede considerarse justamente un delito y castigarse con razón como tal. Pero disposiciones excelentes como estas pasan desapercibidas en una gran cantidad de otros párrafos que son, en el mejor de los casos, inútiles y ridículos, y en el peor, vejatorios y perjudiciales en sus intentos de limitar el libre juego de la civilización. Así encontramos que un año de prisión, o una fuerte multa, amenaza a cualquiera que exponga cualquier objeto o escrito que «ofenda el decoro», una disposición que permitió a un agente de policía entrar en una tienda de cerámica artística en Ámsterdam y retirar una pieza de porcelana en la que detectó una figura humana insuficientemente vestida. Y, sin embargo, este párrafo de la ley había sido aprobado sin casi ninguna oposición. Otra disposición de esta ley aborda ampliamente la difícil y complicada cuestión de la «edad de consentimiento» para las chicas, elevándola hasta los veintíún años, lo que convierte las relaciones con una menor de veinticuatro [nota del trad.: veintiún] años en un delito castigado con cuatro años de prisión. En general, se considera deseable que la castidad se preserve hasta que la edad adulta esté bien asentada. Pero tan pronto
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Inmorality and the Law
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