Es solo en la chispa inextinguible de la razón que hay en su interior donde puede hallarse la salvación para el hombre, en la constatación de que él es su propia estrella y lleva en sus manos su propio destino. Los impulsos del Individualismo y del Socialismo nos incitan por igual a adquirir autocontrol y a conocer la vasta magnitud de nuestra responsabilidad. La humanidad entera trabaja para cada uno de nosotros; cada cual debe vivir a la altura de esa gran responsabilidad hacia la humanidad. ¡Con qué sutil destello de perspicacia declaró Jesús que pocos podían entrar en el Reino de los Cielos! Hasta que la tierra no sea purificada de los innumerables millones que la pueblan, jamás llegará a ser el Cielo de los viejos soñadores, en el que los elegidos caminan con amplitud y nobleza, amándose los unos a los otros. Solo en un aire tan amplio y puro le es posible al individuo perfeccionarse, como una rosa se perfecciona, según el hermoso símil de Dante, >14 para poder esparcir a su alrededor, para los demás, la fragancia que se ha gestado en su interior. Si uno lo piensa, eso parece una perogrullo, pero aun así, en este siglo veinte, ¡qué pocos, qué muy pocos son los que lo
Por eso no podemos tener demasiado Individualismo, ni podemos tener demasiado Socialismo. Hacen juego el uno con el otro. Fortalecer al primero es dar fuerza al segundo. Cuanto mayor sea el vigor de ambos, más vitalmente estará progresando una sociedad. > «No puedo llamarme más Individualist o Socialista», dijo Henry George, «que alguien que considerase las fuerzas por las que los planetas se mantienen en sus órbitas pudiera llamarse centrífugo o centrípeto». Llegar a una sociedad en la que el Individualismo y el Socialismo sean llevados cada uno a su punto extremo equivaldría a alcanzar la