de la gran clase de los deficientes mentales. Sin duda hay quienes lamentarían la desaparición de los deficientes mentales de entre nosotros. Las filosofías de tipo bergsoniano, que hoy imperan de forma tan generalizada, sitúan la intuición por encima de la razón, y el «tonto puro» ha sido a veces consagrado e idolatrado. Pero podemos recordar que la eugenesia nunca podrá prevenir de forma absoluta la aparición de personas con deficiencia mental, ni siquiera en el grado extremo del imbécil y el idiota.
Entran dentro del margen de variación, con el mismo derecho con que el genio también entra. No podemos, tal vez, evitar la aparición de tales personas, pero sí podemos evitar que sean fundadores de familias que tiendan a parecerse a ellos. Y al hacerlo, la mayoría estará de acuerdo en que estaremos llevando a cabo una labor de inmenso beneficio para la sociedad y para la raza.
La debilidad