su beneficio mutuo y, a veces, de hecho, están bajo la misma dirección. Cuando un hotel se gestiona de este modo en beneficio de la prostitución, cuenta con lo que podría considerarse un personal de mujeres en las calles vecinas. En algunos distritos de Nueva York se descubre que prácticamente todas las prostitutas de la calle están relacionadas con algún hotel de la Ley Raines. Estos sabios legisladores moralistas de Nueva York creían que estaban imponiendo una sanción a la bebida los domingos; lo que realmente han hecho es premiar la prostitución 23.
Un intento de distinta naturaleza para dar un golpe simultáneo al alcohol y a la prostitución se ha llevado a cabo en Chicago, con resultados igualmente poco satisfactorios. La bebida y la prostitución están conectadas, de hecho tan íntimamente conectadas, que ningún intento de separarlas podrá ser nunca más que superficialmente exitoso, ni siquiera con la más minuciosa inquisición por parte de la policía, y menos aún por parte de los agentes de policía que, en Chicago, según se nos informa oficialmente, a veces son descubiertos ellos mismos, uniformados y en servicio, bebiendo entre prostitutas en "tabernas". El 1 de mayo de 1910, el superintendente general de policía de Chicago dictó una norma que prohibía la venta de licor en las casas de prostitución. A nivel superficial, esta norma se ha cumplido en la mayoría de los casos (aunque solo en la superficie, como los investigadores de campo de la Comisión del Vicio de Chicago descubrieron fácilmente), y se asestó así un golpe a aquellas casas que obtienen un gran beneficio de la venta de bebidas debido al alto precio al que las revenden. Sin embargo, aun en la medida en que la norma ha sido obedecida y no evadida, ¿ha reportado algún bien? Sobre este punto podemos confiar en el testimonio de los comisionados del vicio de Chicago, un organismo municipal designado por el alcalde y el concejo municipal, y que no tiene interés en desacreditar las acciones de su superintendente de policía.