Este proceso selectivo, por otra parte, no ha actuado meramente de forma automática; ha sido fomentado por la opinión social y la presión social, a veces expresadas de manera muy drástica.
Así, en la Inglaterra de los Plantagenet creció una clase llamada de los «caballeros» —no, como a veces se ha supuesto, una clase estrictamente definida, aunque en un principio fuesen de buena cuna—, cuya característica principal era que eran buenos combatientes y buscaban la fortuna luchando.
El «primer caballero» de Inglaterra, según Sir George Sitwell, y un representante totalmente típico de su clase, fue cierto héroe glorioso que luchó con Talbot en Azincourt y que también, como revela la exhumación de oscuros documentos, se entregaba a veces al robo en casas habitadas, a las lesiones con intención de matar y a «procurar el asesinato de un tal Thomas Page, que fue hecho pedazos mientras estaba de rodillas suplicando por su vida».
Allí había, evidentemente, un estado de sociedad altamente favorable para el hombre belicoso, y altamente desfavorable para el hombre no belicoso a quien este mataba en su ira.
Hoy en día, sin embargo, se ha producido una revaluación de estos viejos valores. El cobarde y sin duda plebeyo Thomas Page, multiplicado pormillones, ha logrado subirse a la silla de montar, y se venga desacreditando, acosando hasta los suburbios y, finalmente, ahorcando a todos los descendientes que puede encontrar del primer caballero de Azincourt.