Es en este sentido, en verdad, en el que se escuchan las voces de los líderes más grandes y representativos del movimiento de emancipación de la mujer actual. Ellen Key, en su obra Amor y matrimonio, busca conciliar el cultivo de una relación sexual libre y sagrada con la adoración del niño, como encarnación de la raza futura, mientras que Olive Schreiner proclama en su obra La mujer y el trabajo que la mujer del futuro caminará codo a codo con el hombre en una relación más alta y profunda de lo que jamás antes ha sido posible, porque implicará una nueva comunidad en la actividad y en la comprensión.
Tampoco es únicamente desde el lado femenino de donde provienen estos pronósticos. Ciertamente, en su mayor parte, el amor ha sido más cultivado por las mujeres que por los hombres. La primacía en el genio del intelecto pertenece incontestablemente a los hombres, pero en el genio del amor ha sido alcanzada sin duda más a menudo por las mujeres. Por lo general, han comprendido mejor que los hombres que en este asunto, como insistía Goethe, es el amante y no el amado quien cosecha los principales frutos del amor. > «Es mejor amar, incluso con violencia —escribió la abandonada monja portuguesa en sus inmortales Cartas—, que limitarse a ser amado». Quien pierde su vida aquí la salva, pues solo en la medida en que se convierte en un dios crucificado el Amor se gana el sacrificio de los corazones humanos. En los últimos años, por una reacción inevitable, las mujeres han olvidado a veces esta verdad eterna. Las mujeres del siglo XX, en su afán de autocontrol y su legítimo deseo de alcanzar puestos de los que sienten que han estado excluidas durante demasiado tiempo, tal vez aún no se hayan dado cuenta de que las mujeres del siglo XVIII —quienes ejercieron sobre la vida un dominio que las mujeres de ninguna época