Todo lo que hasta ahora he defendido es que, cualquier rigor que sea necesario, debe usarse tanto más cuanto más pequeños son los niños; y habiendo surtido efecto mediante una aplicación adecuada, debe relajarse y cambiarse a un tipo de gobierno más apacible.
§44. Una docilidad y flexibilidad de su voluntad, introducida por mano firme por parte de los padres, antes de que los niños tengan memoria para retener los comienzos de esta, les parecerá natural y obrará después en ellos como si lo fuera, previniendo toda ocasión de lucha o descontento.
El único cuidado es que esto se comience temprano y se mantenga inflexiblemente hasta que el temor reverencial y el respeto les resulten familiares, y no aparezca la más mínima renuencia en la sumisión y la obediencia pronta de sus mentes.
Una vez que esta reverencia se ha establecido así (lo cual debe hacerse pronto, o de lo contrario costará esfuerzos y golpes recuperarla, y tanto más cuanto más se demore), es mediante ella, combinada siempre con tanta indulgencia como la que no utilicen mal, y no mediante golpes, reprimendas u otros castigos serviles, como habrán de ser gobernados en el futuro a medida que crezcan hacia un mayor entendimiento.
§45. Que esto es así, se concederá fácilmente con solo considerar cuál debe ser el objetivo de una educación liberal y en qué se fundamenta.
- El que no tiene dominio sobre sus inclinaciones, el que no sabe cómo resistir la importunidad del placer o del dolor presentes, por mor de lo que la razón le dice que es adecuado hacer, carece del verdadero principio de la virtud y de la laboriosidad, y corre el peligro de no llegar a servir jamás para nada. Este temple por tanto, tan contrario a la naturaleza descarriada, ha de adquirirse a tiempo; y este hábito, como verdadero fundamento de la aptitud y la felicidad futuras, debe forjarse en la mente tan pronto como sea posible, incluso desde