compañía y veamos entonces cuál de los dos tendrá un talante más varonil y se dirigirá con mayor y más decorosa seguridad a los extraños. Aquí imagino que la confianza del escolar o bien flaqueará o lo desacreditará; y si es de tal índole que solo lo capacita para la conversación de muchachos, más le valdría carecer de ella.
El vicio, si hemos de dar crédito a la queja general, madura hoy en día tan deprisa, y llega a espigar tan temprano en los jóvenes, que es imposible evitar que un muchacho se contagie del mal si os arriesgáis a soltarlo en la manada y confiáis al azar o a su propia inclinación la elección de sus compañías en la escuela.
Por qué destino ha medrado tanto el vicio entre nosotros estos últimos años, y por qué manos ha sido criado hasta alcanzar un dominio tan desmedido, se lo dejo a otros por investigar.
Deseo que aquellos que se quejan de la gran decadencia de la piedad y la virtud cristianas en todas partes, y de la instrucción y los conocimientos adquiridos en la nobleza de esta generación, consideren cómo recuperarlos en la siguiente.
De esto estoy seguro: de que si los cimientos de ello no se establecen en la educación y formación de la juventud, todos los demás esfuerzos serán en vano.
Y si no se cuida y preserva la inocencia, la sobriedad y la laboriosidad de quienes vienen detrás, será ridículo esperar que aquellos que han de sucederles en el escenario abunden en esa virtud, capacidad y saber que hasta ahora han hecho a Inglaterra importante en el mundo.
Iba a añadir también el valor, aunque ha sido considerado como la herencia natural de los ingleses. Lo que se ha comentado sobre algunas acciones recientes en el mar, de un tipo desconocido para nuestros antepasados, me da pie para decir que el libertinaje disminuye el valor de los hombres; y cuando la disipación ha corroído el