y leer el francés a la perfección en uno o dos años, sin ninguna regla de gramática ni otra cosa que no sea charlar con ella, no puedo dejar de extrañarme de cómo los caballeros han pasado por alto este método para sus hijos, y los han creído más torpes o incapaces que a sus hijas.
§166. Si, por lo tanto, se pudiera conseguir un hombre que, hablando él mismo un buen latín, estuviera siempre con vuestro hijo, le hablara constantemente y no le permitiera hablar ni leer otra cosa, este sería el camino verdadero y genuino, y el que yo propondría, no solo como el más fácil y mejor mediante el cual un niño podría, sin penalidades ni reprimendas, aprender una lengua por la que a otros se los suele azotar en la escuela durante seis o siete años seguidos: sino también como aquel en el cual, al mismo tiempo, se formarían su mente y sus modales, y se le instruiría además en varias ciencias, tales como una buena parte de la geografía, la astronomía, la cronología, la anatomía, además de algunas partes de la historia y todas las demás partes del conocimiento de las cosas que caen bajo los sentidos y requieren poco más que la memoria. > Porque ahí, si quisiéramos tomar el camino verdadero, debería comenzar nuestro conocimiento y en esas cosas ponerse el fundamento, y no en las nociones abstractas de la lógica y la metafísica, que son más aptas para entretener que para informar al entendimiento en su primera partida hacia el conocimiento. Cuando los jóvenes han tenido la cabeza ocupada un tiempo en esas especulaciones abstractas sin encontrar el éxito y el progreso, o el uso de ellas que esperaban, son propensos a tener conceptos mezquinos ya sea del saber o de sí mismos; se sienten tentados a abandonar sus estudios y arrojar sus libros por considerarlos compuestos únicamente de palabras difíciles y sonidos vacíos; o bien a concluir que,