a cualquiera de sus hijos.
§109. 2. Los niños que viven juntos suelen luchar por el predominio, por ver de quién es la voluntad que se impone sobre los demás: quienquiera que comience la disputa, debe asegurarse de que se le lleve la contraria. Pero no solo eso, sino que se les debe enseñar a tenerse el máximo respeto, complacencia y civilidad posibles los unos a los otros. Esto, cuando ven que les procura respeto, amor y estima, y que no pierden ninguna superioridad por ello, les producirá más placer que el dominio insolente; pues esto último es claramente lo otro.
Las acusaciones de los niños los unos contra los otros, que por lo general no son más que clamores de ira y venganza que piden auxilio, no deben ser recibidas favorablemente ni atendidas.
Debilita y afemina sus mentes permitirles que se quejen; y si soportan a veces contradicciones o dolores causados por otros sin que se les permita considerarlo extraño o intolerable, no les hará ningún mal aprender la paciencia y endurecerse a temprana edad.
Pero, aunque no déis apoyo a las quejas de los querellantes, procurad refrenar la insolencia y la mala índole de los agresores.
Cuando lo observéis por vosotros mismos, reprenderlo ante la parte agraviada; pero si la queja es de algo que realmente merezca vuestra atención y prevención para otra ocasión, entonces reprended al ofensor a solas, fuera de la vista de quien se quejó, y hacedle ir a pedir perdón y reparar el daño: lo cual, viniendo así, por decirlo de modo, de él mismo, se cumplirá con más alegría y se recibirá con mayor afecto, el amor se fortalecerá entre ellos y un hábito de urbanidad se volverá familiar entre vuestros hijos.
§110. 3. En cuanto a la posesión y tenencia de las cosas, enséñales a desprenderse de lo que tienen, fácil y libremente con sus amigos, y dejen que descubran por experiencia que el más generoso es siempre el