criada todos los días para que se los repasara; y estaba tan acostumbrado a la abundancia que nunca creía tener suficiente, sino que siempre andaba preguntando: ¿Qué más? ¿Qué más? ¿Qué cosa nueva tendré? ¡Una buena introducción a los deseos moderados y el camino directo para hacer a un hombre contento y feliz!
“¿Cómo habrán de tener entonces los juegos que les permitís, si no se les debe comprar ninguno?” Respondo que deben hacérselos ellos mismos, o al menos intentarlo, y ponerse a ello; hasta entonces no tendrán ninguno, y hasta entonces no echarán de falta ningún artificio grande. Un guijarro liso, un trozo de papel, el manojo de llaves de la madre o cualquier cosa con la que no puedan hacer daño sirve tanto para distraer a los niños pequeños como esos juguetes más costosos y curiosos de las tiendas, que en seguida se estropean y se rompen. Los niños nunca están aburridos, ni de mal humor, por falta de tales juguetes, a