su vigor y actividad, debes emplearlo en algún trabajo corporal constante, mediante el cual adquiera el hábito de hacer algo. Mantenerlo aplicado con empeño a algún estudio sería el mejor camino para hacerle adquirir el hábito de ejercitar y aplicar su mente. Pero como esta es una atención invisible, y nadie puede saber cuándo está o no está ocioso en ella, debes buscarle ocupaciones corporales en las cuales deba estar constantemente ocupado y sujeto a ellas; y si estas entrañan un poco de dificultad y vergüenza, tal vez no sea peor, para que así lo cansen más pronto y lo hagan desear volver a su libro. Pero asegúrate de que, cuando cambies su libro por su otra labor, le impongas una tarea tal, que deba realizarse en un tiempo tal que no le permita ninguna oportunidad de estar ocioso. Tan solo después de que por este medio lo hayas llevado a estar atento y trabajador en su libro, podrás, al despachar él su estudio dentro del tiempo fijado, darle como recompensa algún respiro de su otra labor; el cual podrás disminuir a medida que lo encuentres cada vez más constante en su aplicación, y al final suprimirlo por completo cuando su holgazanería ante el libro esté curada.
§128. Anteriormente observamos que la variedad y la libertad eran lo que deleitaba a los niños y recomendaba sus juegos; y que, por lo tanto, su libro o cualquier cosa que deseáramos que aprendieran no debía imponérseles como una obligación. Esto es algo que los padres, tutores y maestros suelen olvidar; y su impaciencia por verlos ocupados en lo que es adecuado que hagan no les permite engañarlos para lograrlo: pues, por los repetidos mandatos con los que se encuentran, los niños distinguen rápidamente entre lo que se les exige y lo que no.
Cuando este error le ha hecho ya aborrecer su libro, el remedio ha de aplicarse por el otro extremo. Y puesto que entonces será demasiado tarde para