la reflexión, concomitantes de la prudencia y de la edad, y no de la infancia, sino que les resultará natural. Así, hacer una reverencia a un caballero cuando este lo saluda, y mirarle a la cara cuando le habla, es por el uso constante tan natural para un hombre bien educado como respirar; no requiere ningún pensamiento, ninguna reflexión. Habiendo corregido de este modo cualquier fallo en su hijo, queda corregido para siempre: y así, uno por uno, podrá erradicarlos todos e implantar los hábitos
§65. He visto a padres acumular tantas reglas sobre sus hijos, que era imposible que los pobrecitos recordasen la décima parte de ellas, y mucho menos que las cumpliesen. Sin embargo, se les corregía, ya con palabras, ya con golpes, por la infracción de aquellos preceptos multiplicados y a menudo muy impertinentes. De lo cual se seguía naturalmente que a los niños no les importaba lo que se les decía, cuando les era evidente que ninguna atención de la que eran capaces bastaba para librarles de la transgresión y de las reprensiones que le seguían.
Que tus reglas para tu hijo sean, por tanto, tan pocas como sea posible, y más bien menos que más de las que parezcan absolutamente necesarias.
Pues si le abrumas con muchas reglas, necesariamente sucederá una de estas dos cosas: o bien tendrá que ser castigado muy a menudo, lo cual traerá malas consecuencias al hacer que el castigo sea demasiado frecuente y familiar; o bien tendrás que dejar sin castigo las transgresiones de algunas de tus reglas, con lo cual estas se volverán despreciables por naturaleza y tu autoridad perderá valor ante sus ojos.
Haz pocas leyes, pero cuida de que se cumplan bien una vez hechas. Pocos años requieren pocas leyes, y a medida que su edad aumente, cuando una regla esté bien establecida por la práctica, podrás añadir otra.
§66. Pero os ruego recordad que a los niños no se les debe enseñar mediante reglas