por el ejemplo. Todos somos una especie de camaleones que siempre adquieren un matiz de las cosas que nos cercan; y no es de extrañar en los niños, que entienden mejor lo que ven que lo que oyen.
§68. Mencioné antes un gran mal que los criados causan a los niños cuando, con sus lisonjas, embotan el filo y la fuerza de las reprensiones de los padres, disminuyendo así su autoridad; y he aquí otro gran inconveniente que los niños reciben de los malos ejemplos con los que se tropiezan entre los criados de menor categoría.
Se les debe apartar por completo, si es posible, de tal conversación; pues el contagio de estos malos precedentes, tanto en la urbanidad como en la virtud, corrompe horrible a los niños tan pronto como se ponen a su alcance.
Con frecuencia aprenden de sirvientes groseros o libertinos un lenguaje, mañas descarriadas y vicios que, de otro modo, posiblemente ignorarían toda su vida.
§69. Es cosa difícil prevenir del todo este daño. Tendrá usted muchísima suerte si nunca tiene un criado zafio o vicioso, y si de ellos sus hijos nunca contraen ninguna mala influencia; pero aun así debe hacerse todo lo posible al respecto, y mantener a los niños, tanto como se pueda, en compañía de sus padres y de aquellos a cuyo cuidado están encomendados. Para este fin, su estancia en presencia de aquellos debe hacérseles agradable; se les deben permitir las libertades y franquicias propias de sus edades, y no se les debe tener bajo restricciones innecesarias cuando estén a la vista de sus padres o de su tutor. Si para ellos esto es una cárcel, no es de extrañar que no les guste. No se les debe impedir que sean niños, ni que jueguen, ni que actúen como tales, sino que obren mal; toda la demás libertad ha de permitírseles. Luego, para que les encante la compañía de sus padres, deben recibir allí todas las cosas buenas,