constantemente en tal forma de diversión, llevará a un hombre en poco tiempo mucho más lejos de lo que puede imaginar: lo cual, si no tuviera otra utilidad que la de desterrar los pasatiempos comunes, viciosos, inútiles y peligrosos, y demostrar que no hay necesidad de ellos, merecería ser fomentado. Si los hombres desde su juventud fueran destetados de esa disposición a la vagancia en la que algunos, por costumbre, dejan que una buena parte de su vida se desvanezca inútilmente, sin ocupación ni recreación, encontrarían tiempo suficiente para adquirir destreza y habilidad en cientos de cosas que, aunque alejadas de sus propias vocaciones, no interferirían en absoluto con ellas. Y por ello creo que, por esta razón y por las otras mencionadas antes, una disposición perezosa y apática que sueña ociosamente los días es la que menos se debe consentir o permitir en los jóvenes, de todas cuantas existen. Es el estado propio de alguien enfermo e indispuesto de salud, y no es tolerable en nadie más, sea cual fuere su edad o condición.
§209. A las artes susodichas se pueden añadir la perfumería, el barnizado, el grabado y varias clases de trabajos en hierro, latón y plata; y si, como le sucede a la mayoría de los jóvenes caballeros, una parte considerable de su tiempo transcurre en una gran ciudad, podrá aprender a tallar, pulir y engastar piedras preciosas, o bien ocuparse en pulir y desbastar lentes ópticas.
Entre la gran variedad de ingeniosas artes manuales que existen, será imposible que no se halle alguna que le agrade y deleite, a menos que sea holgazán o libertino, lo cual no ha de suponerse bajo un método de educación correcto.
Y puesto que no puede estar siempre empleado en el estudio, la lectura y la conversación, habrá muchas horas, además de las que ocupen sus ejercicios, que, de no emplearse de este modo, se emplearán peor. Pues doy por sentado que un joven rara vez deseará permanecer sentado, perfectamente quieto e inactivo; o, si lo hace, es un defecto que debe corregirse.