ser escuchada. La recreación es tan necesaria como el trabajo o el alimento. Pero como no puede haber recreación sin deleite, el cual no siempre depende de la razón, sino con mayor frecuencia de la imaginación, debe permitirse a los niños no solo divertirse, sino hacerlo a su propia manera, siempre que sea de modo inocente y sin perjuicio para su salud; y por tanto en este caso no se les debe negar si proponen algún tipo particular de recreación. Aunque creo que en una educación bien ordenada rara vez se verán en la necesidad de pedir semejante libertad.
Se debe cuidar que lo que les sea ventajoso lo hagan siempre con deleite; y antes de que se cansen de una ocupación, se les debe apartar oportunamente hacia otra labor útil. Pero si aún no han llegado a ese grado de perfección en que un modo de mejora pueda convertirse en una recreación para ellos, se les debe dejar en libertad para el juego