todo; pues, así como esta fue la primera vez, creo que también fue la última que la golpeó.
El dolor de la vara, en la primera ocasión que lo requiera, debe continuar e incrementarse, sin cesar hasta que haya vencido por completo, doblando primero la mente y estableciendo la autoridad de los padres; y luego la gravedad, mezclada con bondad, debe mantenerla para siempre jamás.
Esto, si se reflexiona bien, haría a la gente más prudente en el uso de la vara y el garrote, y evitaría que fueran tan proclives a pensar que los golpes son el remedio seguro y universal que debe aplicarse al azar en todas las ocasiones. Esto es seguro, sin embargo: si no hace ningún bien, causa un gran daño; si no llega a la mente y no ablanda la voluntad, endurece al ofensor; y cualquier dolor que haya sufrido por ello, no hace sino encariñarle con su querida terquedad, que esta vez le ha otorgado la victoria, y