fuerte o chillona, ni con ningún otro ruido repentino y violento. Esto a menudo asusta a los niños y les hace mucho daño; y un sueño profundo interrumpido de este modo, con alarmas repentinas, es bastante propenso a desajustar a cualquiera.
Cuando se haya de despertar a los niños de su sueño, procurad empezar con una llamada baja y algún movimiento suave, sacándolos así de él por grados, y no les deis más que palabras y trato bondadosos hasta que hayan vuelto por completo en sí y, una vez bien vestidos, estéis seguros de que se han despertado por completo.
El verse arrancados del sueño, por muy suavemente que se haga, es ya bastante doloroso para ellos; y debe cuidarse de no añadirles ninguna otra incomodidad, especialmente una que pueda aterrorizarlos.
§22. Que su cama sea dura, y más bien de edredones que de plumas. El lecho duro fortalece las partes; mientras que enterrarse cada noche en plumas ablanda y disuelve el cuerpo,