Cuando comprenda la suma y la resta, podrá entonces avanzar más en la geografía; después de familiarizarse con los polos, las zonas, los círculos paralelos y los meridianos, se le deben enseñar la longitud y la latitud, y por medio de ellas hacerle comprender el uso de los mapas y, mediante los números colocados en sus márgenes, conocer la situación respectiva de los países y cómo encontrarlos en el globo terráqueo. Cuando pueda hacer esto con facilidad, se le podrá introducir entonces en el celeste; y repasando allí todos los círculos de nuevo, con una observación más detallada de la Eclíptica, o Zodíaco, para fijarlos todos de manera muy clara y distinta en su mente, se le podrán enseñar la figura y la posición de las diversas constelaciones, las cuales se le pueden mostrar primero sobre el globo y luego en los cielos.
Hecho lo cual, y una vez que conozca bastante bien las constelaciones de este nuestro hemisferio, podrá ser momento de darle algunas nociones de este nuestro mundo planetario; y con ese fin, no vendrá mal hacerle un esquema del sistema copernicano y explicarle en él la situación de los planetas, sus respectivas distancias respecto al sol, el centro de sus revoluciones. Esto lo preparará para comprender el movimiento y la teoría de los planetas de la manera más fácil y natural. Pues dado que los astrónomos ya no dudan del movimiento de los planetas alrededor del sol, conviene que él parta de esa hipótesis, que no solo es la más simple y menos enredada para el que aprende, sino también la más propensa a ser verdadera en sí misma. Pero en esto, como en todas las demás partes de la instrucción, hay que tener mucho cuidado con los niños de empezar por lo que es claro y simple, y de enseñarles tan poco como sea posible de una vez, asentando eso bien en sus cabezas antes de pasar a lo siguiente o a cualquier novedad en esa ciencia.